lunes, 20 de febrero de 2017

Nos vemos en las carreras, espero


Tiempo ha desde la última actualización del blog, y más aún desde la última carrera a fuego (Maratón de Valencia 2015).

Desde la cita de Valencia hasta hoy ha habido algunas carreras de prueba:

  • 13/12/2015: Carrera de las empresas – 10k @38:00(MMP)
  • 03/04/2016: Asics Medio Maratón de Madrid - 21.097k @ 1:37:11
Carreras sin pena ni gloria, incluso a pesar de la MMP algo falseada debido al perfil de la prueba.

A estas alturas de la partida aprendí varias cosas de esto del correr:

1) Un buen resultado no se disfruta del todo si no has disfrutado, además, del camino para conseguirlo

2) No sólo de correr rápido vive el corredor, sino también del conocimiento y la experiencia; del estudiar el objetivo, su cuerpo, sus posibilidades. Evaluar estas capacidades y datos, optimizar los recursos de los que se dispone, y aplicar la estrategia correcta para alcanzar ese objetivo.

Bien pensado, igual todo esto se puede aplicar no sólo a las carreras.

Después de estas dos carreras de aprendizaje vinieron otras dos, este fin de semana (24-25 de Septiembre de 2016) . La Carrera del Corazón (10k), organizada por La Fundación Española del Corazón y la Carrera por la Discapacidad de Getafe (10k) organizada por la Asociación Dedines.



Afronto estas carreras sin preparación específica, sin motivación específica. Simplemente por el placer de correr, de conocer nuevas carreras, de aplicar lo aprendido y saber en qué punto me encuentro; que no es poco.

CARRERA DEL CORAZÓN

Sábado, 24 de septiembre de 2016.

Suena el despertador a las 6:30h. Preparativos y rituales previos, ya automatizados, y en marcha. Camino de la Casa de Campo. No corría por aquí desde abril de 2014 (Maratón de Madrid). “Buen” recuerdo conservo.

Últimos preparativos, dejo la mochila en el guardarropas, calentamiento para activar piernas, corazón y cabeza, y me dirijo al cajón de salida. Elijo el cajón de <42’. Quizás sea demasiado optimista, pero hemos venido a jugar. Además de esta forma evitamos parte de la procesión inicial.

Se da inicio a la carrera desde el Puente del Rey. Nos introducimos enseguida en la Casa de Campo y su paisaje, frío y silencioso a esas horas.

Como siempre, es difícil contener a los caballos en los compases iniciales de la carrera. El perfil de la prueba invita a hacerlo.

Altimetria
Las cuestas se van sucediendo, e intento usar la cabeza para atacarlas de la mejor forma posible. Aguantando hacia arriba, rodando hacia abajo. De momento, y hasta el kilómetro 3 no parece complicado mantener un ritmo objetivo medio de 4:12/km para llegar en esos <42’.

Se complica el objetivo un poco con la subida de 2 kilómetros hasta el 5k. La subida más dura de la prueba, con diferencia.  Una vez “corono” la cima retomo mi estrategia: Ruedo, literalmente, cuesta abajo.

Parece que está hecho salvo por un detalle: ruedo completamente solo. Ni público ni corredores. Una sensación que hasta ahora no había tenido la oportunidad de experimentar, más allá de los entrenamientos.

Sin los ánimos de otras carreras ni corredores a los que engancharme o que se enganchan, no queda más remedio que concentrarse en el ritmo y los kilómetros que quedan para la meta.

Sobre el kilómetro 8 me asalta por la espalda una figura humana que surge sin previo de aviso de entre los matorrales. Es un recortador, que le acaba de quitar unos 150 metros a la carrera. Jamás lo entenderé.

Y de aquí al final, todo se dio de forma tranquila; adelantando un par de posiciones en el último kilómetro, las únicas posiciones a las que tuve posibilidad de acercarme en los últimos 4.5 kilómetros.

Paso por línea de meta con un tiempo de 41:07. Objetivo <42 cumplido y, a pesar de que es únicamente conmigo contra quien compito, me sorprendió la posición 67 de la general y 25 de mi categoría (Senior M) que conseguí. Una grata anécdota y experiencia.

Y tras descansar todo lo que se puede descansar en un día…
La imagen puede contener: 1 persona, sentado y exterior

CARRERA POR LA DISCAPACIDAD

Domingo, 25 de septiembre de 2016.

Amanece el domingo. Un nuevo día de carreras. Ésta vez para participar en la Carrera Por la Discapacidad de Getafe. Menos mal que la carrera empieza a las 11:30h, de cualquier otra forma no hubiese sido capaz de levantarme de la cama.

Me dirijo, a pata, al Polideportivo de Juan de la Cierva de Getafe. Qué gustazo correr cerquita de casa. Se acerca la hora de salida y creo que va a ser peor el remedio que la enfermedad, hace bastante calor y todavía subirá algún gradito más hasta que se dé la salida.

Es una auténtica fiesta lo que ha montado la Asociación Dedines. Actividades para toda la familia, sobre todo para lxs más peques que disfrutaban montándose en los Vehículos de los FF.CC. de Seguridad del Estado y de los servicios de Emergencia; y probando los sistemas adaptados para corredorxs con movilidad reducida.

Lo dicho, de 10. ¡Enhorabuena!

11:30, pistoletazo de salida y una vez más salgo bastante adelantado. Noto enseguida los excesos del sábado. Me pesan las piernas más de lo normal y las sensaciones no son buenas incluso controlando los caballos. Piloto automático.

La compañía de otros corredorxs me dura kilómetro y medio. Me quedo sólo de nuevo, ésta vez demasiado pronto. Hasta ahora no había participado en carreras así. Normalmente me engancho a algún grupo o liebre con ritmo similar y todo se hace más fácil.

De esta forma la carrera se convierte en un entrenamiento con público, aunque muy localizado en la zona de salida y llegada.

El recorrido tampoco invita a disfrutar. Damos 2 vueltas a un circuito de 5k. De rotonda a rotonda. Es necesario aprovechar cada sombra, por mínima que sea.

Al paso por la zona de salida, sobre el kilómetro 5, el público me saca del estado automático. Choco manitas, como está mandado, y aprieto el ritmo esperando que no pase demasiada factura.

Así se van sucediendo los kilómetros zancada tras zancada, manteniendo el ritmo como buenamente puedo aunque sin prestarle demasiada atención.

Sobre el kilómetro 8 “cazo” a otros 2 corredores con los que me solidarizo. Creo que están “viviendo” la carrera de la misma forma en que lo estaba haciendo yo. Les rebaso sin esperanzas de mantener la posición (milagrosamente la mantuve).

Se acerca el final; vuelvo a pasar por la zona de público, ya no hay marcha atrás y aprieto los dientes hasta la meta. La paso aplaudiendo. Agradeciendo al público los ánimos a todxs lxs corredorxs.

El tiempo que me marca el GPS es de 41:43,6, mientras que el oficial es de 40:59. Por mi parte no quiero que haya ni trampa ni cartón. Puesto 13 de la general y una nueva sorpresa/anécdota.

 Y éste fue mi enésimo intento de reengancharme al tren del deporte.

Seguiremos informando.

Nos leemos.

lunes, 3 de octubre de 2016

Queridx compañerx

Queridx compañerx,

Esta carta va dirigida a ti, y a muchas otras personas como tú. Es una carta de rabia, desahogo, de reflexión y, quizás, de esperanza.

Imagino que, en algún momento, te habrás preguntado sobre el por qué de las cosas. ¿Por qué vuelan los aviones?, ¿Por qué flotan los barcos?, ¿Por qué el cielo es azul?, ¿Por qué un ser humano puede sentir placer y satisfacción del dolor ajeno?, ¿Por qué otro ser humano es capaz de amar incondicionalmente, incluso a seres de especies diferentes a la propia?, ¿Por qué puede más la codicia y la apariencia que la bondad y la confianza?

Algunas de estas preguntas se resuelven por medio de teorías físicas, ecuaciones matemáticas, etc. Pero no son esas preguntas las que me quitan el sueño; si no para las que no hay una única respuesta; para las relacionadas con las personas.

No sé si estarás de acuerdo conmigo pero, vengo observando cómo, cada vez más, interiorizamos un sistema de relación social basado en los méritos. Sentimos cada vez en mayor medida ser reconocidos por nuestros logros y gestas públicas. Y es algo que me preocupa realmente.

Puedo, aunque me costaría, llegar a entender que queramos ser reconocidos en nuestro trabajo. Conseguir el máximo número de medallas que estén a nuestro alcance. Puedo, aunque me seguiría costando, llegar a entender que en el trabajo impere la ley del más fuerte y que nuestro futuro pueda verse puesto en peligro.

Puedo entenderlo, pero no lo comparto. Pienso, como dice la frase, que tanto en lo personal como en lo profesional “La suma de un equipo siempre será superior a la suma de las individualidades”.

Lo que creo que jamás entenderé es cómo podemos aplicar éste sistema de medallas en las relaciones personales no profesionales. ¿Qué ganamos con la arrogancia, prepotencia y falta de empatía que estas actitudes demuestran?, ¿Realmente es necesario mostrar al mundo nuestras medallas para que estas tengan valor?, ¿Es necesario menospreciar el trabajo de otra persona sin tan siquiera pararnos a pensar en sus circunstancias?

Yo tengo clara la respuesta; mi respuesta: NO.

El valor de nuestros actos está en lo que conseguimos con el mero hecho de llevarlos a cabo. O eso quiero pensar.

Por suerte, sé que existen personas a las que les sale ardiendo de dentro todo lo que hacen. Lo sienten. Lo disfrutan y lo sufren desde lo más profundo de su ser. Porque no puede ser de otra forma. Dejan de lado lo material y tangible y vuelan por el cielo o navegan por el mar a pelo y sin miedo porque son capaces de todo lo que se propongan.

Porque no llevan el lastre de medallas ni diplomas. Porque no ven ni escuchan más allá de lo que su corazón les muestra y grita.

Sé que existen ese tipo de personas con el alma blanca, libres. Y así debe ser. A pesar de los obstáculos, de las zancadillas, a pesar de que posiblemente serían más felices viviendo en un mundo de mentira en el que tiene más valor una medalla que el acto por el que la consiguió; a pesar de todo ello, siguen existiendo las personas que aman por encima de todo.

Existen y no podemos permitirnos el lujo de perderles. Me niego a asumir que es más fácil ser feliz a base de endurecer el corazón y apagar los sentidos.


Por eso me declaro fiel compañero tuyo, y de todo aquel que esté dispuesto, como yo, a morir en el intento de sentir, hasta sus últimas consecuencias.

Juntos no podrán con nosotros.

martes, 17 de noviembre de 2015

Maratón de Valencia 2015 - Disfrutando del Maratón

Maratón de Valencia de 2015, y ya van tres ediciones consecutivas acabándola. Cada una de una forma completamente diferente. Con más o menos dignidad. Con más o menos respeto. Con más o menos conciencia. Con más o menos consciencia.

Ésta vez tocó disfrutar. Puede que "disfrutar" cuando hablamos de "Maratón" sea una demasiado optimista, pero se acerca mucho a cómo viví este Maratón de Valencia 2015.

Y es que ésta crónica bien podría resumirse en:

0k - Salida. Muchísima gente parada.

5k - Muchísima gente en movimiento. Avituallamiento cómodo. Ritmo cómodo.


10k - La gente corriendo se va disolviendo y se ve el asfalto que pisamos. Consigo beber en el avituallamiento recordando que no son mi punto fuerte. Sigo a ritmo cómodo.

15k - Me doy cuenta de que nunca he usado el GPS en tiradas de más de una hora y pierdo la referencia del tiempo. Sigo tirando a ritmo constante.


21.097k - Paso por la media sin sufrir y pensando que sólo quedan 9k. Si llego al 30 como hasta ahora, está hecho.

25k - Muchísima gente animando. Suena "Todos los días sale el sol". Canto. Los pelos de punta y lágrimas en los ojos. Emoción. Ya casi lo tenemos.
Aprendo a usar el GPS sobre la marcha y vuelvo a tener referencia del tiempo. Estoy dentro del objetivo.

28k - Busco a papá, mamá y a mi hermano entre el público. A la altura del ayuntamiento los encuentro. Menudo golpe de ánimo. ¡No llores y corre! Estamos en un Maratón, no viendo el Diario de Noah.

30k - Este año no puedes conmigo.


35k - Molestias en el tendón de aquiles derecho. Con dos palmadas de los nenes del público se olvida todo tipo de dolor. Hace tiempo que he dejado de intentar beber con normalidad. Me tiro el vaso de bebida isotónica a la cara y lo que entre ha entrado. Seguimos para bingo.


38k - Vuelvo a ver a mi familia. Parece que se han situado en kilómetros estratégicos. Últimos kilómetros sobre las nubes.

40k - No flipes. Una collejita en forma de flato, que te estaba viendo demasiado crecidito; debió pensar Filípides. A controlar la respiración los 2 últimos kilómetros y a llegar con la cabeza bien alta.

42.195k - Desaparecen dolores, flatos, y sólo queda alegría, satisfacción, calma. Lo conseguimos.


A día de hoy (08/05/2016), sigo pagando el coste del Maratón de Valencia 2016. Di tanto, durante tanto tiempo, entrenamientos, días de lluvia, de calor, cansancio, sacrificios, que aquel 15 de Noviembre de 2015 me quedé vacío. 

Lo que tengo claro es que no pienso forzar la vuelta. Ésta ha de ser natural y con un nuevo objetivo ambicioso, divertido y, sobre todo, alcanzable. 

Nos vemos en las carreras.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Pulso Cabeza y Corazón

Cuando cabeza y corazón echan un pulso pueden ocurrir  dos cosas: que uno de los dos salga mal parado del lance o que ambos dos acaben fortalecidos de tan dura batalla.

Y eso es lo que me pasó a mí. 

Ya acaba la preparación específica para el Maratón de Valencia del próximo 15 de Noviembre.

Se acaba la carga de kilómetros después de un mes de Octubre en los que superé por primera vez los 200km. 

Tan sólo falta la última prueba de fuego, la última tirada larga (32k). Pero algo pasa en tu cabeza que te dice que no vas a poder.

Son muchos factores, muchos detalles a tener en cuenta para que este entrenamiento salga bien. Factores físicos, psicológicos, incluso ambientales.

- Es muy difícil. ¿Para qué intentarlo? Dice la cabeza.

- Pero tenemos ganas de hacerlo y son muchos meses de preparación para empezar a tirarlos por la basura a última hora. Contesta el corazón.

Podéis imaginar quien tiene todas las de perder en una guerra mental. 

Exacto. 

Cuando la cabeza gana el corazón se queda resentido. Él sigue creyendo que podrían haberlo hecho. No puede acabar así.

Es un día largo de intentar autoconvencerme de que puedo, pero la cabeza desde su sillón presidencial y la perspectiva de superioridad que le otorga la altura repite una y otra vez que no.

Acabó el día sin lograr ni tan siquiera intentar alcanzar el objetivo, pero no quedar así.

Lunes, viento, lluvia, frío. Los dioses del Olimpo se han puesto de acuerdo para cerrarle la boca a la cabeza.

Vamos a demostrar que sí se podía, y lo ponemos un pelín más complicado. ¿Qué tal si en vez de un recorrido lineal nos ponemos a dar vueltas en círculos (de 2km) hasta completar 32? ¿Podremos?

Pues claro que podemos. Hoy quien manda es el corazón.

Y así es. Vuelta tras vuelta, zancada tras zancada, metro a metro se van completando los 32km; bajo la mirada atónita de la cabeza que no puede más que permanecer en silencio y aplaudir.

Se acabó. Pudimos.

Y es en este momento cuando aprendo algo:

"Tanto si crees que puedes como si no, tienes razón".

Y aterrizamos en el mes de Noviembre con la vista puesta en Valencia.




¿Podremos?

¡Pues claro que podremos!


"Si buscas excusas, lo más seguro es que las encuentres"


martes, 15 de septiembre de 2015

#NoAlToroDeLaVega

Necesito desahogarme, lo necesito de verdad.

Martes, 15 de septiembre de 2015. Hoy se ha celebrado un año más el popular "Torneo del Toro de la Vega" en la localidad vallisoletana de Tordesillas.

Algunos conoceréis su temática, otros (espero que pocos) no. Básicamente de lo que se trata es de matar. Matar de la forma más sanguinaria y con el mayor ensañamiento posible a un animal.

Un toro es soltado en el mencionado pueblo y conducido hasta campo abierto, donde los vecinos armados con lanzas, a pie o a caballo tratan de asesinarle con mayor o menor acierto.

Yo, hoy, me siento culpable de la muerte de Rompesuelas (Así se llama el toro que ha tenido la "suerte" de participar y "disfrutar" en primera perdona de este tradicional festejo.

Me siento culpable porque formo parte de esa sociedad que ha permitido que con leyes que maltrato animal sea considerado legal e incluso una "Fiesta Nacional".

Me siento culpable porque formo parte de esa sociedad que tiene sed de sangre, ansia por matar y afligir dolor a cualquier ser que consideremos inferior.

Me siento culpable porque seres de mi misma especie se regocija de que unos "locos de los animales" sufran al ver otros animales sufrir.

Creo que hemos perdido la razón. Esa sed de sangre ha hecho que pronunciemos frases como:

"El toro tiene que morir"
"El toro no puede morir de otra forma que no sea ser lanceado"
"Tan sólo es un animal"
"El toro sufre pero no siente dolor (cuando una hoja de lanza de 50cm le atraviesa)"

Da igual que numerosos verdaderos defensores de los animales se encadenen o realicen una sentada pacífica para evitar que un animal sea masacrado, al ser humano lo único que se le ocurre es seguir con el festejo arriesgando vidas conscientemente. 

Hemos llegado a un punto en el que el sadismo nos supera y ya ni acabar con la vida de un animal sacia nuestra sed de sangre.

Animal que ha conseguido escapar de zona "legal" donde puede ser lanceado. De nada le ha servido, pues cuando no podía aguantar más un "valiente" le ha asestado el golpe de gracia final para después salir corriendo. Golpe de gracia que ha acabado con la vida de un animal desorientado, que no sabía qué estaba ocurriendo, que tan sólo sentía lanzas entrando y saliendo de su cuerpo, que buscaba una mirada que le explicase algo de lo que estaba ocurriendo.

Cuando por fin se ha acabado todo su sufrimiento, el torneo se ha declarado nulo por... ¿Y a quién le importa el motivo? ¿Ahora quién devuelve a la vida a Rompesuelas para explicarle que no debería haber muerto? ¿Que su muerte ha sido en vano?

Nada de eso va a ocurrir ya.

A pesar de todo, Rompesuelas no ha estado solo. Muchos corazones eran los que arropaban.

Tan sólo espero que todo este sufrimiento algún día tenga su recompensa y que todo quede en un feo recuerdo.

Buen viaje Rompesuelas.





#NoAlToroDeLaVega

martes, 18 de noviembre de 2014

Maratón de Valencia 2014 - Perder el respeto al Maratón

Como se suele decir, "Unas veces se gana, y otras se aprende". Pues esta vez tocó aprender. Tocó aprender mucho. 


A continuación, la respuesta. 

Desde abril, cuando corrí mi último maratón, han sucedido muchas cosas. Al poco tiempo de finalizar esta carrera, y tras un merecido tiempo de descanso y reflexión, me puse en marcha de nuevo para preparar el siguiente objetivo, el Maratón de Valencia. 

No tardaron en llegar los problemas, aún sin haber superado del todo la periostitis tibial que me tuvo un mes en el dique seco apareció de nuevo mi amiga la cintilla iliotibial. Dolores y más dolores en los pocos entrenamientos que pude realizar, aprovechando cada momento de lucidez de mi rodilla para rodar unos kilómetros.

Por el camino surgió una oportunidad irrechazable: Correr el Maratón de Berlín. A pesar de la nula preparación y el bajísimo estado de forma, ni me lo planteé. Entendí que ésta era una de esas oportunidades que o aprovechas en el momento o la pierdes, quizás para siempre. 

Una semana antes de la gran cita quise hacer un rodaje, más que para auto-convencerme de que podía hacerlo, para comprobar el nivel de dolor de rodilla que podía soportar. Después de una tirada de 13km, me quise engañar, perdiendo el respeto por primera vez al Maratón y decidí viajar a Berlín. 

Esa misma tarde quise reservar los billetes, completamente decidido. Curiosamente, en el momento de formalizar el pago, "Error en la transacción". Lo intento de nuevo; "Error en la transacción". ¡Vaya por dios! Mañana a primera hora lo vuelvo a intentar. 

Pero no fue así. Unos fuertes pinchazos en la rodilla me mantuvieron toda la noche en vela. Estaba claro, no podía correr. Sé que ese "Error en la transacción" no fue mera casualidad. 

Siguieron pasando los meses, sin apenas entrenamientos y con muchas dudas. Intenté ceder mi dorsal para que al menos alguien lo pudiese aprovechar pero finalmente no fue posible.

En estas últimas semanas antes del Maratón de Valencia conseguí completar algún que otro entrenamiento sin apenas molestias, lo que me subió la moral y me cegó ante la realidad. Fue aquí cuando le perdí el respeto por segunda vez al Maratón. Me veía tan fuerte que pensé que vivir de las rentas, algo a lo que estoy bastante acostumbrado, sería suficiente para completar la carrera de manera decente e incluso ir a por M.M.P, ¿Por qué no? 

Llegamos a Valencia el mismo sábado antes de la carrera, por la noche. Ni trote de 15 minutos para desentumecer las piernas ni nada que se le pareciese. (A estas alturas imagino que sabréis lo que hice, por tercera vez). 

Domingo por la mañana. Esta vez sí que sí. El gran día. No sin contratiempos llego a la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Últimos auto-mensajes de ánimo antes de salir. 

Hace un día espectacular para correr. Unos 14ºC a las 9 de la mañana, sin viento, y sin nubes a la vista. Me olvido de que tengo rodillas, como me recomendó mi amiguete y masajista del cuerpo y el alma, Javi. Si no hay rodillas no cabe la posibilidad de que me duelan. 

Pistoletazo de salida y empezamos a correr, con calma, aunque llevados en volandas por los ánimos del público, que ya a esas horas ocupaba los laterales del circuito. 

Me tomo con calma los primeros kilómetros, a un ritmo cómodo aunque desconocido (Decidí correr por sensaciones, sin cronómetro). 
Los primeros 20km transcurrieron de la siguiente forma: 
km5: Avituallamiento - No sé beber en carrera - Flato
km8: Parece que he recuperado la verticalidad - Seguimos con la carrera
km10: Avituallamiento - Sigo sin saber beber en carrera - Flato
km12: "Hola Álex, soy tu rodilla, sabes que estoy aquí ¿Verdad?"
km13: Parece que he recuperado la verticalidad - Seguimos con la carrera
km15: Avituallamiento - No tropiezo dos veces con la misma piedra, acabo con ella por erosión - Flato
km18: Me despido del flato por tercera vez. 
km20: Avituallamiento - Esta vez no me la das, camino y luego sigo - He aprendido la lección

Se van sucediendo los kilómetros a un ritmo constante y, por qué no decirlo, un poco cochinero, aunque me encontraba entre los globitos de 3:30 y 3:45. 

Pasamos el kilómetro 30 y no me queda otra que hacer una "parada técnica". No fueron más de 40 segundos el tiempo que estuve parado, pero al reiniciar la marcha la rodilla se quedó bloqueada, sin poder doblarse. Cualquier intento por forzar la articulación acababa con un dolor extremadamente intenso, similar a una puñalada. Aprieto los dientes y continúo unos metros, sé que si consigo que se vuelva a calentar podré continuar hasta el final. 

A los 20 metros no queda más remedio que empezar a andar. No es posible continuar corriendo. Esto no puede acabar así, yo era invencible. 

Empiezo a aprender, y a entender la verdadera filosofía del Maratón. 

A la desesperada intento correr tanta distancia como me permite la rodilla; nunca más de 50 metros seguidos. Sigo empecinado en que no puede acabar así. 

Finalmente, allá por el kilómetro 35, vuelvo a andar y escribo un mensaje: "Estoy en el kilómetro 35, voy andando". Se acabó. 

Mirada al suelo, orejas agachadas y continúo andando por fuera del circuito. Lo que estoy haciendo ya no se puede considerar correr un Maratón. 
Algunos corredores me animan a volver a la pista al grito de "Valiente". Los verdaderos valientes son ellos, y a ellos deben ir todos los ánimos. Yo tan sólo era un "cadáver" más que había pagado su inconsciencia. 

Cuando vuelvo al circuito (porque no queda más remedio) vivo en mi propio cuerpo una serie de sensaciones que espero no olvidar jamás, y que si por alguna razón lo hiciese, siempre puedo volver a leer estas líneas. 

Veo cómo el público me anima, siento que son ánimos sinceros. A pesar de caminar derrotado, no fueron pocas las personas que me hicieron levantar la cabeza y mirar hacia arriba, aunque sólo fuese para agradecerles ese apoyo. Incluso los más peques estiraban sus manitas para recibir ilusionados una palmadita. (Yo lo siento mucho, pero esto es algo que me supera y me emociona como casi nada). Entre el público encontré una chica que me invitó a dejar de pensar y continuar corriendo hasta la meta. Creo que no podrá imaginarse lo que le agradecí esas palabras, pero tras volver a intentarlo me seguía resultando imposible correr. 

Más adelante, uno de los corredores más veteranos paró su marcha para andar unos metros conmigo y dedicarme unas palabras: "Sabes que estás jodido, pero también sabes que por tus cojones vas a llegar a la meta, aunque sea gateando". Cómo lo sabía, caballero. No está en mi naturaleza rendirme a las primeras de cambio, me puede la curiosidad de intentarlo hasta el final para vivir el desenlace. 

A falta de 4 kilómetros para acabar un hombre del público me para para darme un masaje en la zona dolorida. No tenía por qué hacerlo, no iba a ganar nada (material) por hacerlo, pero lo hizo, intentó ayudarme de la forma en que estaba en sus manos. Los efectos físicos del masaje duraron tan sólo unos segundos, pero el gesto que tuvo conmigo durará casi para siempre. 

En todo momento intenté sacar un punto de optimismo: 
- No pasa nada, intentaré al menos superar mi mejor marca, sin llegar al objetivo de 3:30 
- Me adelantó el "Pace-Maker" de 3:45
- No pasa nada, al menos intentaré hacer M.M.P. en esta prueba
- Me adelantó el "Pace-Maker" de 4:00
- Me adelantó el "Pace-Maker" de 4:15
- Me adelantó el "Pace-Maker" de 4:30

Los dos últimos kilómetros fueron de total impotencia, llorando a lágrima viva, pero hacia adentro, ya que mi condición de hombre me impide llorar en público. Cada sonrisa y palabra de ánimo del público me dolía por no poder dar un poquito más, pero me hicieron sentir extremadamente agradecido. 

Tan sólo quedaban unos metros y allí estaba esperándome mi club de fans personal. Al principio ni los vi ni escuché, dejé de pensar en otras cosas que no fuesen cruzar la meta cuanto antes. 
Un "¡Álex!" me sacó de esos pensamientos y apretando bien fuerte los dientes puse rumbo a la meta lo más rápido que pude, con lágrimas, reconozco que esta vez alguna se asomó al exterior. 

Aunque es lo de menos, el tiempo final fue de 4:25:11.

Ahora toca reflexionar de nuevo, aunque creo que tengo alguna conclusión clara: 

- Si le pierdes el respeto al Maratón, corres el riesgo no de encontrarte con "El Muro", sino con Filípides en persona para soltarte una hostia con toda la mano abierta.

- Sin duda, esta ha sido la Carrera en la que más he sufrido, física y mentalmente; Pero también en la que más he aprendido, sobre el Maratón y sobre mí mismo.

- Al llegar a casa dudé si colgar la medalla junto al resto. A pesar de no correr la maratón entera, he aprendido lecciones muy importantes de las que estoy orgulloso. Supongo que esta medalla es un "premio" a ese aprendizaje, así que he decidido que ocupe un lugar junto al resto.
- No habrá palabras suficientes para agradecer tanto apoyo recibido

¡Gracias!






jueves, 14 de agosto de 2014

Y ahora, ¿Cuál es el plan?

Y el tiempo habló y he aquí mi actual situación: 

Quien haya seguido (o haya curioseado el blog), quizás haya leído una de las primeras entradas de éste: "Yo sobreviví a 2012".

En aquella entrada de hace algo más de un añito contaba algunas de mis aventuras y desventuras vividas gracias a una de las innumerables barbaridades que se pasean fugazmente por mi cabeza, pero que dejan su profunda huella en  mi ser. 

Tras participar en dos de las San Silvestres celebradas el 31 de diciembre de 2012 estuve alrededor de 3 meses arrastrando el conocido "síndrome de la cintilla iliotibial". 

Cuando por fin conseguí echar a rodar de nuevo sin dolores, bastante intensos por cierto, intenté recuperar el tiempo perdido; nuevos objetivos, nuevos retos. 2013 fue un año precioso en lo que al deporte se refiere. 

En este 2014, como no podía ser de otra forma me propuse ir un poquito más allá. Los primeros meses se antojaron realmente exigentes, con la preparación de las Medias de Alcalá de Henares y Madrid, y la posterior Maratón de Madrid. (Estas 3 carreras se disputaron en menos de mes y medio). 

Resultado: Periostitis y 2 meses en el dique seco.  

Empiezo a pensar que algo no marcha bien en mi pierna izquierda. Pienso que para evitar tanta lesión y tanto tiempo sin poder entrenar, sería conveniente cambiar la rutina de entrenamiento. Quizás preparar maratones y medias maratones únicamente en asfalto y sin tener en cuenta en absoluto la técnica de carrera no sea lo más conveniente. 

Inicio el entrenamiento despacito y con buena letra, intentando pisar asfalto únicamente si es estrictamente necesario y practicando la técnica de carrera. 



Pues bien, la alegría ha durado dos semanas. Volvió el dolor en la rodilla, además de en el lateral (zona de la cintilla), ésta vez también a la altura de la rótula. 

Obviamente detuve el entrenamiento cuando noté que no eran simples molestias. Una semana más tarde, tras el correspondiente reposo, y el tratamiento antiinflamatorio vuelvo a rodas despacito para comprobar si hay mejoría. 

No es así. A los dos kilómetros de empezar las sensaciones no son nada buenas y finaliza la sesión. 

Y me pregunto: ¿Cuál es el plan ahora? 

¿Podré volver a correr algún día sin preocuparme de no hacerme daño?, ¿Seré capaz de llegar al Maratón de Valencia con un estado de forma mínimo para acabarlo decentemente?

Por otro lado me pregunto ¿Qué puedo hacer para evitar estos dolores que me traen de cabeza cada dos por tres? Cierto es que la rehabilitación (o el simple paso del tiempo) hace su efecto. Pero, en mi humilde opinión, tanto la rehabilitación como el paso del tiempo no es más que un parche a un problema que no consigo detectar. 

Me gustaría saber qué hacer para que la maldita pierna izquierda trabaje como debe sin quejarse. 

O simplemente no se pueda y haya que pensar en dejar de correr e iniciar otra actividad. Algo que no me gustaría en absoluto si no es para compaginarlo con la carrera a pie. 

Cualquier consejo o ayuda siempre será agradecida. 

Seguiremos informando. Espero. 

Nos leemos.